Hace mucho tiempo, en un pueblo insignificante llamado Nazaret, tuvo lugar el acontecimiento más grande de toda la historia. Una mujer recibió el mayor mensaje jamás oído en la Tierra. Un mensaje y una petición en contra de toda lógica y razón. Ella se fió de Dios y dijo «sí», porque para él no hay nada imposible.
Su respuesta no debió ser tan fácil como parece a simple vista. Cuando María respondió a Dios de esa manera sabía el peligro que corría. Al estar comprometida con José, tendría que explicarle que la criatura que llevaba en su interior era del Espíritu Santo. ¿Creería él esa historia? ¿Qué pasaría si no la creyese? Seguramente la repudiaría por pensar que había cometido adulterio. Y, aunque esto lo hiciese en secreto, tarde o temprano la gente se daría cuenta de su embarazo y viendo que no estaba unida a nadie la lapidarían o la quemarían viva tal como era costumbre según la Ley.
