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martes, 9 de diciembre de 2014

Mensaje de Adviento del Obispo de Madrid, D. Carlos Osoro

Dios viene y se interesa por nosotros

Con motivo del inicio del tiempo litúrgico del Adviento, el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, ha hecho pública una carta en la que explica que éste es “un tiempo litúrgico a través del cual la Iglesia, invita a tomar conciencia de una verdad de la que siempre estamos necesitados los hombres: saber que no estamos solos, que hay alguien que nos acompaña y se acerca a nosotros. Tú, que lo sabes, comparte este ‘oasis’ que tienes con los desiertos poblados del lugar donde habitas. Es verdad que esta cercanía de Dios a nuestra vida, y con ese interés que lo hace, requiere una respuesta que ha de traducirse en un modo de vivir. Y es que ese interés de Dios por nosotros, que se acerca a nuestras vidas, es como un llamamiento saludable, que no es de una vez para siempre, es todos los días, semana tras semana, mes tras mes, toda nuestra vida. Precisamente por esto quiero acercarme a vosotros, para deciros con fuerza: ¡despertad! Dios viene. Dios no se queda a distancia, no se queda en el cielo, tiene un interés muy especial por nosotros, por la historia que vivimos y estamos haciendo”.
 
“Dios viene y se interesa por nosotros”, no “porque saque algún provecho de ello”, sino “porque nos ama sin más. No necesita de nosotros. Somos nosotros los que necesitamos de Él. Sin su cercanía, no sabemos lo más importante: que hemos salido de sus manos por un acto puro de amor y generosidad”. “Compartamos esto con los hombres, exhorta, no nos refugiemos como Noé en el arca para librarnos del diluvio; tenemos que ser audaces, y en la barca de Pedro, que es la Iglesia, que tiene que atravesar a veces tempestades, atravesar el mar de la historia con una confianza absoluta y una esperanza sin límites en Jesucristo. La cercanía del Señor a nuestra vida nos da aliento, seguridad, confianza, audacia, valentía, fortaleza. Por su cercanía a nuestra vida, sabemos del título más grande que poseemos: ‘hijos de Dios’ y ‘hermanos de todos los hombres’. ¡Qué milagro acontece en la historia y en nuestra vida personal y colectiva cuando vivimos ejerciendo esos títulos! En su cercanía, y al calor de su amor, somos capaces de construir el mundo que yo llamo del ‘sueño de Dios’, y que puso en nuestras manos, para que estuviera siempre lleno de justicia, de amor y de paz. Y todo ello, porque hemos salido de sus manos con el diseño que hizo de nuestra vida: hacernos a su imagen y semejanza. Nos ha dejado libres para vivir, pero desea librarnos del mal y de la muerte, de todo aquello que impida el desarrollo auténtico del ser humano que se hace solamente en el amor de Dios, que es donde se alcanza la auténtica felicidad”.
 
“Dios viene y se interesa por nosotros, asegura. Llevemos la alegría de esta noticia a todos los hombres. El compromiso que todos los cristianos debiéramos asumir en este tiempo de Adviento es llevar la alegría de quien nos muestra su rostro, y en Él y por Él no dice quién es el hombre, qué tiene que hacer el hombre, cómo debe vivir el hombre para sí y para los demás, siendo para todos esa fotografía viva del Dios único y verdadero que se nos ha revelado en Jesucristo. El gran regalo que necesita toda la humanidad lo podemos hacer nosotros ahora. Conocemos a Dios, sabemos que vino y vendrá, su interés por nosotros es manifiesto. Precisamente por ello, el gran regalo que el ser humano, en todas las latitudes de la tierra, debe hacer a todo los que encuentre en su camino, es comunicar que Dios viene, que tiene un interés manifiesto por nosotros. Nos lo muestra cada vez que celebramos y recordamos la Navidad, que fue la primera venida y revelación del amor e interés que tiene por nosotros. Fue el primer anuncio del Adviento que es presencia, llegada y venida. Nos ha elegido como miembros de la Iglesia, para que sigamos manifestando su presencia, llegada y venida, hasta que Él vuelva por segunda vez, y definitivamente. Nos ha dejado para que entreguemos esta noticia y digamos con fuerza a los hombres: ¡no estáis solos! ¡tenéis un proyecto de vida! ¡tenéis un proyecto no teórico! El Señor os ha dado su vida. Mostrad su rostro y su amor a los hombres, sed la alegría del Adviento, es decir, presencia, llegada y venida de Dios, hasta que Él vuelva. Hacedlo con la alegría de una esperanza fundada, siendo transparencia de esa alegría liberadora de Dios”.
 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Carta de Monseñor Carlos Osoro a la Diocesis de Madrid

CARTA A LA ARCHIDIÓCESIS DE MADRID

Tras ser nombrado por el Papa Francisco Arzobispo de Madrid
 
 
 Agradezco al Santo Padre, el Papa Francisco, la misión que me encomienda como Sucesor de Pedro, en la Archidiócesis de Madrid. Querido Sr. Cardenal, Don Antonio María Rouco, desde hace muchos años, siendo ambos jóvenes, S.E.R. como profesor y yo como alumno, nos conocemos. Guardo un recuerdo, agradecimiento y afecto  sincero de aquellos años que marcaron mi vida para siempre en Salamanca. Gracias. Queridos hermanos Obispos Auxiliares, D. Fidel, D. César y D. Juan Antonio, desde estos momentos, gracias por vuestra acogida y ayuda. Quiero tener un recuerdo especial por el Obispo Auxiliar Emérito de Madrid D. Alberto. Gracias, hermanos.

Queridos hermanos sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas, miembros de institutos seculares y sociedades de vida apostólica, queridos laicos, hermanos y hermanas:

Desde el momento que he sabido que el Santo Padre, el Papa Francisco, me enviaba a la Archidiócesis de Madrid, he tenido la percepción de que el Señor se acercaba una vez más a mi vida para decirme como a los apóstoles: “¡Animo! ¡No temas! ¡Sígueme!” Porque es cierto que cuando te llaman a comenzar otra tarea surgen los miedos. ¡Qué fácil es olvidar que la vida a la que el Señor nos ha llamado es para la misión, para “su misión”! Al hacerse público hoy el nombramiento, doy gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo por la misión que me regala de ser vuestro padre y pastor. Pido al Señor, que me dé la gracia de poner mi vida al servicio de todos vosotros, sé que mi vida no es para mí, sino para vosotros. Recibidla con mis pobrezas, pero con la seguridad de que la gastaré junto a vosotros y con vosotros para anunciar a Jesucristo y hacerle creíble. Deseo ser coherente con el lema episcopal que elegí el día que me nombraron Obispo: “Por Cristo, con Él y en Él”. Como los primeros cristianos deseo vivir junto a vosotros la valentía apostólica que viene dada por el Espíritu Santo: anunciar a Cristo, llevar hacia delante la Iglesia, hacer perceptible la maternidad fructífera de la Iglesia será mi pasión. Quiero y deseo acercaros la Palabra de Jesús que va al corazón porque es palabra de amor, es bella, lleva amor y nos hace amar.